El juego

Kerby Anderson


Históricamente, se ha asociado siempre al juego por dinero con pequeños grupos de gente inescrupulosa que lo promovía con la ayuda del crimen organizado. Pero, hoy en día, en la medida que el gobierno sigue legalizando nuevos juegos en diferentes variantes, esta fiebre parece estar afectando a casi todos. Actualmente, en los Estados Unidos se ha legalizado el juego en 47 estados, además del distrito de Columbia. El impulso parece estar del lado de aquellos que desean el juego legalizado como una forma de suplementar los ingresos del estado. Pero estos estados y sus habitantes generalmente ignoran los costos asociados con el juego legalizado, no solamente económicos, sino sociales.

Políticas sociales equivocadas

La legalización del juego es una política social equivocada. El auspicio estatal del juego no parece tener mucho sentido si tomamos en cuenta que la organización Gamblers Anonymous (Jugadores Anónimos) estima que en EE.UU. existen unos 12 millones de jugadores compulsivos. El auspicio estatal hace aún más difícil la posible reconversión de estas personas. Si consideramos que alrededor del 96% de estas personas ha comenzado a jugar antes de los 14 años {1}, deberíamos preocuparnos especialmente por el mensaje que recibirían los jóvenes ante este tipo de política.

Es significativo, también, el costo económico en que incurren los jugadores mismos. Consideremos solamente las deudas impagas. El jugador promedio tiene deudas que exceden los 80.000 dólares {2}. Y esta cifra es poca en comparación con otros costos sociales que surgen por abandono de sus familias, estafa, robo y participación en el crimen organizado.

Los que sostienen que las loterías estatales benefician a la comunidad, dicen que es una forma efectiva de aumentar impuestos indoloramente. Pero las evidencias muestran que el juego legalizado frecuentemente daña más a los pobres y desvalidos. Un agente de lotería de Nueva York dijo: "El 70% de la gente que compra billetes es pobre, negra o hispana" {3}. Por otra parte, el National Bureau of Economic Research informó que los pobres apuestan mayores cifras en proporción con sus ingresos. {4}

El Field Institute's California Poll llegó a la misma conclusión: el 18% de los adultos pertenecientes al estado de California compra el 71% de los billetes. Estos jugadores empedernidos de la lotería (que compraron más de 20 billetes cada uno durante los primeros 45 días del juego) "muy probablemente sean negros, más pobres y menos educados que el californiano promedio". {5}

Los estudios también indican que el juego aumenta en tiempos de incertidumbre económica y cuando la gente está preocupada por su futuro. Joseph Dunn, director del National Council on Compulsive Gambling (Consejo Nacional de Jugadores Compulsivos) dice: "La gente preocupada porque puede cerrar la fábrica, se arriesga a ganar mucho dinero. Una vez que gana algo, queda atrapada". {6}

El impacto social del juego generalmente permanece oculto de los ciudadanos que deciden participar en el juego legalizado. Pero más adelante estos costos aparecen en las vidas destruidas de los apostadores y sus familias. El psicólogo Julian Taber advierte: "Nadie conoce los costos sociales del juego, ni cuántos jugadores se harán adictos . . . los estados están experimentando a escala masiva con la mente de la gente". {7} Las familias quedan deshechas por las peleas, el divorcio y la bancarrota. Boydon Cole y Sidney Margolius, en su libro When You Gamble--You Risk More Than Your Money (Cuando usted juega, arriesga más que su dinero), concluyen: "No hay dudas del efecto destructivo del juego en la vida familiar. Los efectos corrosivos del juego afectan con el mismo vigor tanto a la familia de un operario como a la del ejecutivo". {8}

Políticas gubernamentales equivocadas

Legalizar el juego es también una política gubernamental equivocada. El gobierno debería promover la virtud pública en vez de seducir a sus ciudadanos a practicar un vicio auspiciado por el estado. De acuerdo con Romanos 13, se supone que el gobierno debería ser un ministro de Dios, pero su postura moral queda comprometida cuando se involucra en el negocio del juego.

Los ciudadanos verían como un atropello si fueran inducidos por el gobierno a participar en comportamientos potencialmente destructivos (como consumir drogas), pero estos mismos ciudadanos no ven esta contradicción cuando el gobierno legaliza y aun promueve el juego. En vez de ser una fuerza moral positiva en la sociedad, el gobierno contribuye a corromperla.

Ross Willhelm, profesor de Economía de la Empresa en la Universidad de Michigan, dice:

"Las loterías y los juegos de apuestas estatales son, básicamente, una estafa, y la legalización generalizada del juego constituye uno de los peores cambios en materia de política pública que ocurrieron en los últimos años . . . El carácter despiadado de los juegos manejados por el estado se agrava increíblemente si tomamos en cuenta que los gobiernos estatales publicitan y promueven los juegos y los ganadores.{9}

El efecto corrosivo de la legalización del juego ha causado también preocupación dentro del mismo gobierno. Como una editorial de The New York Times comentó: "El juego es un negocio tan rentable, tan rápido, tan poderoso y quizás inevitablemente desagradable, que no puede evitar minar al gobierno". {10}

Juego legal e ilegal

Una de las frases trilladas habituales usadas por aquellos que apoyan el juego legalizado es que, institucionalizándolo, eliminaremos el juego ilegal. Pero este argumento se basa en varias hipótesis erróneas. En primer lugar, supone que la gente va a seguir jugando igual, así que el Estado debería aprovechar esta situación. Segundo, supone que si la gente tiene el poder de elección, prefiere participar de un juego patrocinado por el Estado, porque estará regulado. Este mismo argumento sostiene que el Estado va a asegurarse de que el juego sea limpio, justo y de que cada participante tenga la misma posibilidad de ganar que otro. Por último, supone que, si el Estado se involucra en el mundo del juego, el juego clandestino irá desapareciendo, pues será un competidor más eficiente en la búsqueda de los dólares de los apostadores.

Los argumentos parecen sólidos, pero no lo son. Si bien algunas personas juegan ilegalmente, la mayoría no lo hace. Por lo tanto, el juego legalizado induce a participar a gente que no lo haría habitualmente.

Por otra parte, el juego legal no hace desaparecer al clandestino. Todo lo contrario. Al llegar el juego legalizado a un estado, brinda un impulso adicional al juego ilegal. La División Crimen Organizado del Departamento de Justicia descubrió que "el nivel de juegos clandestinos en aquellos estados que tienen algún tipo de juego legalizado es tres veces mayor que el de aquellos estados en los que el juego aún sigue siendo ilegal" {11}.

Y una encuesta nacional encontró que: "En estados con varios tipos de juegos, los niveles de participación aumentan constante y marcadamente con el aumento de los tipos de juegos legales. Las apuestas sociales son más del doble, del 35% en estados donde el juego es ilegal al 72% en aquellos con tres tipos de juegos legales; el nivel del juego ilegal es más del doble, pasando de ser un 9% a un 22% y el juego comercial aumenta en un 43 por ciento, pasando de un 24% a un 67%. {12} El juego legal en varios estados no ha sido un competidor del juego clandestino, sino que lo ha estimulado.

Las razones que explican el crecimiento del juego ilegal donde existe el juego legalizado, son simples. En primer lugar, los grupos del crimen organizado frecuentemente usan la publicidad gratuita de las loterías estatales y las apuestas pari-mutuel para operar sus propios juegos con números. En realidad, el Estado les ahorra dinero al brindar publicidad para eventos que incluyen apuestas. En segundo término, muchos jugadores prefieren el juego clandestino al oficial. Cuando trabajan con corredores de apuestas, pueden apostar a crédito y además no tienen que rendirle cuenta al Estado de sus ganancias. Estas son al menos dos cosas que se no se pueden hacer si se apuesta el dinero en juegos promovidos por el Estado, y esto explica por qué el juego clandestino prospera en aquellos estados en donde el juego es legal.

Otro aspecto importante es la influencia corruptora que el juego puede ejercer sobre la sociedad. En primer lugar, el juego legalizado puede tener una influencia muy corruptora en el gobierno estatal. En los últimos años se han publicado numerosas noticias sobre corrupción y fraude en las loterías del Estado. En segundo término, está la influencia corruptora sobre los ciudadanos mismos. La probabilidad de que a una persona sea alcanzada por un rayo es siete veces mayor que la de ganar un millón de dólares en una lotería estatal. {13}. A pesar de esto, cada año la gente apuesta enormes sumas de dinero en las loterías estatales, con la esperanza de ganar el premio gordo. Además, el gobierno y otras organizaciones de juego producen atractivos anuncios que apelan a la ambición de la gente con el objeto de inducirlas a apostar cifras aún mayores que las que pueden gastar.

La sociedad debería promover valores positivos como el ahorro y la integridad moral, en vez de valores negativos como la codicia y la ambición desmedida. Deberíamos promover el bienestar público en vez de seducir a nuestros ciudadanos para que se involucren en vicios promovidos por el Estado.

Costo económico

Frecuentemente se dice que las diferentes formas de juego legalizado (loterías estatales, apuestas pari-mutuel y casinos) constituyen una buena política económica. Los defensores de esta postura aducen que son formas indoloras de aumentar los ingresos estatales, y señalan los miles de millones del dólares que el Estado recibe de las diferentes loterías y formas de juego legalizado. Pero hay otra cara económica del juego legalizado.

En primer lugar, las estadísticas de los ingresos brutos del juego legalizado son muy superiores a los ingresos netos. Tomemos como ejemplo las loterías estatales. Si bien las cifras varían entre los diferentes estados, usemos algunas cifras promedio: generalmente el costo de administración, publicidad y promoción es de aproximadamente 60 centavos por cada dólar apostado. En otras palabras, por cada dólar obtenido de una lotería, solo 40 centavos ingresan al presupuesto del Estado. En contraste, por cada dólar que se paga de los impuestos regulares, solo 1 centavo corresponde a costos administrativos, así que por cada dólar obtenido de impuestos, 99 centavos van al presupuesto estatal.

Segundo, el juego afecta negativamente la economía del Estado. El juego legalizado deprime las empresas porque desvía fondos que podrían ser utilizados en el mercado de capitales hacia las apuestas, que no estimulan la economía. Las empresas cerradas que rodean los casinos son un recordatorio visible de esto, pero el efecto real sobre toda la economía es aún más devastador de lo que aparece a primera vista. Fondos que podrían ser invertidos, prestados y reciclados dentro del circuito económico, son arriesgados, en cambio, en el juego legalizado. El juego institucionalizado absorbe mucho dinero de la economía. Se apuesta más dinero en los juegos que lo que se gasta en la educación primaria y secundaria (286.000 millones de dólares y 213.000 millones respectivamente en 1990). {14} El historiador John Ezel concluye en su libro Fortune's Merry Wheel: "Si hay algo que la historia nos enseña, de acuerdo a un estudio de más de 1.300 loterías legales de Estados Unidos, es que cuestan más que lo que aportan, si se toma en cuenta el impacto general que tienen en la sociedad." {15}

Las apuestas en el deporte

Aunque las apuestas deportivas son ilegales en prácticamente todos los estados, en los últimos años está existiendo cierta presión para legalizarlas. Una de las preocupaciones es cómo las apuestas deportivas han afectado la integridad de los deportes. Las apuestas ilegales ya han afectado negativamente al deporte, legalizarlas solo empeorará las cosas.

Un tema tiene que ver con cómo se hacen las apuestas deportivas. Se apuesta contra una determinada diferencia de puntos. Se escoge un equipo para que gane por cierta diferencia. Me ha sorprendido como esa diferencia de puntos ha llegado a ser parte del juego. Tal vez le tocó a usted asistir a un partido y ver la cara de decepción de los simpatizantes de un equipo al ver que no había vencido al otro por la diferencia de puntos suficiente.

A los verdaderos simpatizantes les importa si su equipo gana o pierde. Sin embargo, a los apostadores les interesa que el equipo supere la diferencia de puntos. Ganar por un punto no es suficiente si la diferencia de puntos era de tres.

Frecuentemente los comentaristas y periodistas deportivos anuncian que un equipo tiene una ventaja de cierta cantidad de puntos. Sostienen que dar esta información está bien porque es relevante para el juego. Pero, ¿es realmente así? Creo que cuando los titulares de un diario anuncian con grandes letras: "Los Broncos de Denver tienen una ventaja de 6 puntos" están yendo mucho más allá que simplemente informar acerca de un evento deportivo y están, en realidad, promoviendo las apuestas deportivas.

Las apuestas deportivas han afectado al deporte introduciendo el crimen organizado en el mundo del deporte. Los escándalos que ocurrieron en la Universidad de Boston o de Tulane nos muestran cómo las apuestas han afectado negativamente la integridad de los atletas, entrenadores y universidades. Hay jugadores que se han visto envueltos en escándalos por manipulación de puntos, y el problema solo se volvería peor en un entorno donde las apuestas deportivas estuvieran legalizadas.

Otro factor que preocupa es cómo participaría el gobierno en las apuestas deportivas. Legalizar el juego en el deporte abre la posibilidad, y por qué no la necesidad, de investigaciones del gobierno. Una sabia decisión deportiva podría ser cuestionada por un cuerpo supervisor del gobierno. Imaginemos que en un partido de fútbol americano se ha apostado a que un equipo gane por más de tres puntos, y faltando menos de un minuto éste lleva una ventaja de solamente un punto. Aún si estuviese cerca de la línea de las 20 yardas de su oponente, el equipo podría decidir no patear un gol de campo, ya que al hacerlo implicaría correr el riesgo de que el tiro sea bloqueado permitiendo al otro equipo anotar. Un entrenador sabio podría indicar a su equipo que se dedique a dejar pasar el tiempo sin convertir. El equipo ganaría, pero no alcanzaría la diferencia de puntos apostada. Los ciudadanos que perdieron dinero ciertamente exigirían una investigación para averiguar si hubo fraude.

Obviamente, aunque son ilegales, las apuestas en el deporte existen. Pero hay buenas razones para no legalizarlas. Es una mala política social, una mala política económica y una mala política gubernamental. Las apuestas en el deporte no solo serían malas por estas razones sino porque afectarían negativamente la integridad del deporte.

La perspectiva bíblica del juego

Aunque la Biblia no menciona en forma directa al juego, podemos tomar de las Escrituras algunos principios que se pueden aplicar. Primero, notemos el contraste entre la Biblia y el juego. La Biblia enfatiza la soberanía de Dios (Mateo 10:29, 30) mientras que el juego está basado en el azar. La Biblia nos insta a trabajar en forma creativa para el beneficio de otros (Efesios 4:28), mientras que el juego fomenta la actitud del "algo a cambio de nada". La Biblia condena el materialismo (Mateo 6:24, 25), mientras que el juego lo promueve.

Miremos también cuáles son los "frutos" del juego. En primer lugar, el juego engendra cierta forma de codicia, y en los Diez Mandamientos (Éxodo 20) se nos dice que no debemos codiciar. La codicia, la ambición y el egoísmo son las emociones básicas que nos inducen a apostar. Creo que los cristianos deberíamos preocuparnos por el juego, aunque más no fuera por los efectos que puede tener en nuestros hermanos más débiles y por cómo puede afectar al jugador compulsivo. El juego patrocinado por el Estado hace que sea más difícil que el jugador compulsivo se reforme. El juego legal se transforma en una forma institucionalizada de la avaricia.

En segundo término, el juego destruye la ética del trabajo. Hay dos pasajes bíblicos que tratan el tema de la ética. En Colosenses 3:23, 24 el apóstol Pablo dice: "Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís". Y en 2 Tesalonicenses 3:7-10 dice: "Porque vosotros mismos sabéis de que manera debéis imitarnos…Porque también cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma".

El grupo de investigaciones Twentieth Century Fund comentó: "El atractivo de enriquecimiento rápido que ofrece el juego desprecia los valores básicos del capitalismo: hábitos de trabajo disciplinado, austeridad, prudencia, apego a la rutina, y la relación trabajo-recompensa".{16} Estos valores centrales de la ética del trabajo forman parte tanto del sistema de libre empresa como de la vida cristiana. El juego corrompe estos valores y los reemplaza por la codicia y el egoísmo. En vez de depender del trabajo duro, los apostadores confían en la suerte y el azar.

Tercero, el juego destruye familias. El juego es la mayor causa de negligencia familiar. Muchos de los costos sociales derivados del juego provienen de su propia idiosincrasia. Cuando la gente se deja atrapar por el frenesí del juego, comienza a desatender a sus familias. Usualmente el dinero que se utiliza para apostar a la lotería o en las carreras de caballos no es capital de riesgo sino dinero que se debería haber utilizado para cubrir las necesidades familiares. En 1 Timoteo 5:8 dice que una persona que se rehúsa a cuidar su familia es peor que un infiel. Los padres deben proveer a sus hijos (2 Corintios 12:14) y comer el pan, fruto de su trabajo (2 Tesalonicenses 3:12). Cuando el juego se legaliza, hace que la gente abandone el mandato de Dios de cuidar de su familia, y estas familias generalmente terminan viviendo de programas de asistencia social.

Por último, el juego es una especie de codicia auspiciada por el Estado. Vimos que, según Romanos 13, el Gobierno debería ser un ministro de Dios. Debería promover el orden en la sociedad y la virtud pública. El juego legalizado menoscaba el papel del gobierno y trastoca el tejido moral de la sociedad a través de la avaricia y el egoísmo promovidos por un vicio auspiciado por el gobierno.

El juego representa una mala política social, es una mala política económica y es una mala política gubernamental. Más aún, debilita los cimientos de la sociedad e induce la corrupción en el gobierno. Como cristianos, considero que debemos oponernos a cualquier intento de legalizar el juego.

Notas

  1. "Gambling in America," Gambling Awareness Action Guide (Nashville: Christian Life Commission, 1984), 5.   Volver
  2. Sylvia Porter, "Economic Costs of Compulsive Gambling in U.S. Staggering," Dallas Morning News, 4 January 1984, 6C.  Volver
  3. Charles Colson, "The Myth of the Money Tree," Christianity Today, 10 July 1987, 64.  Volver
  4. Gary Becker, "Higher Sin Taxes: A Low Blow to the Poor," Business Week, 5 June 1989, 23.  Volver
  5. Brad Edmonson, "Demographics of Gambling," American Demographics, July 1986, 40-41.  Volver
  6. Curt Suplee, "Lotto Baloney," Harper's, July 1983, 19.  Volver
  7. Julian Taber, "Opinion," USA Today, 14 August 1989, 4.  Volver
  8. Borden Cole and Sidney Margolis, When You Gamble--You Risk More Than Your Money (New York: Public Affairs Pamphlet, 1964), 12.  Volver
  9. "State Lotteries and Gambling--Results Have Not Equaled Expectations," USA Today, vol. 107, no. 2407 (April 1979), 1.  Volver
  10. New York Times, 9 February 1980.  Volver
  11. Emmett Henderson, State Lottery: The Absolute Worst Form of Legalized Gambling (Atlanta, Geo.: Georgia Council on Moral and Civil Concerns, n.d.), 26.  Volver
  12. The Final Report of the Commission on the Review of National Policy Toward Gambling, 1976, 71.  Volver
  13. Suplee, 15.  Volver
  14. David Neff and Thomas Giles, "Feeding the Monster Called More," Christianity Today, 25 November 1991, 20.  Volver
  15. Cited by William Petersen in What You Should Know About Gambling (New Canaan, Conn.: Keats Publishing, 1973), 37.  Volver
  16. James Mann, "Gambling Rage: Out of Control," U.S. News and World Report, 30 May 1983, 30.  Volver

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Traducción: Nelson Domínguez Barandica